Preparación Paso a Paso
Picar las verduras
Lava muy bien los pimientos y la cebolleta bajo el grifo. Pícalos todos en dados muy pequeños y uniformes. Haz exactamente lo mismo con los tallos de la cebolleta para aprovechar todo su sabor y frescura.
Preparar la vinagreta
En un bol, pon el aceite de oliva virgen extra, el vinagre de manzana y la sal. Bátelo todo enérgicamente hasta que emulsione y se integren los líquidos. Luego, echa las verduras previamente picadas y remueve bien hasta que queden completamente integradas en la mezcla. Tapa el bol con film transparente o su tapadera y llévalo a refrigerar al frigorífico hasta el momento de servir.
Limpiar los mejillones
Limpia bien los mejillones bajo el grifo. Retira las barbas que puedan sobresalir tirando de ellas. Con la ayuda de un cuchillo, quita los parásitos o impurezas incrustadas que puedan tener en la superficie. Con un estropajo de aluminio, frota enérgicamente las conchas para dejarlas impecables. Después, enjuágalos bien bajo el grifo con abundante agua. Recuerda revisar y desechar aquellos mejillones que tengan la concha rota, así como aquellos que estén abiertos y no se cierren al golpearlos suavemente.
Cocinar los mejillones
En una sartén amplia o cazuela, pon el vino blanco, las hojas de laurel y los granos de pimienta negra. Enciende el fuego a potencia alta para que coja temperatura rápidamente. Cuando veas que está caliente y empieza a hervir, echa los mejillones limpios. Cubre la sartén con una tapadera para que se cree vapor. Cuando empiecen a abrirse, tardarán entre 3 y 5 minutos en estar completamente listos. Los mejillones que permanezcan cerrados al terminar la cocción, deséchalos. Retira los cocinados con la ayuda de una espumadera colocándolos sobre un colador para escurrir el líquido. Separa las conchas de los mejillones, descartando una de las mitades de cada concha.
Rellenar y presentar
Ve colocando los mejillones con su media concha en un plato o fuente amplia de presentación. Ve rellenándolos uno a uno con la vinagreta de verduras que tenías reservada en el frigorífico. Puedes disfrutarlos tanto templados recién hechos como completamente fríos después de reposar en la nevera.